12 de julio de 2008

Nada que hacer... se acabó la rutina

Cuando se acaba el amor no queda mucho
que hacer sobre las cenizas

Mis muros se cayeron,
la tormenta pasó;
pero el sabor amargo de una pena que da ahí
en el polvo de las ruinas.

El sol se esconde risueño
tras las nubes,
odia la luz, odia la oscuridad
y le teme al fuego.

Mis paredes de concreto liviano
se cayeron y
la marea sube,
con el ritmo de los árboles celosos de la lluvia.

Lluvia,
¡Qué cínica eres!
me da lo mismo tu vida
pero no me abandones
solo en la nada,
olvidando cada ceniza del aire de los recuerdos,
estaré acá como siempre en este muelle
que se cae de pereza cada día martes
y nadie se detiene al verme petrificar bajo las olas que me acarician
y que me lloran
por el abandono
y la ceniza de los recuerdos que la lluvia quemó
un día en golpea la tormenta en el mar.
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