9 de febrero de 2007

Ardid de un sureño




Me voy,
aunque yo no quiera ;
no hay más tiempo
y no me dejan estar.


Las gaviotas seríen de mí,
soberbias repiten
la maldad que les hice.




Todos saben que no fue mi culpa
fue una coincidencia,
una casualidad.




La magia estaba en cruzar
el canal ,
el borde que separa dos mundos:
el real y el onirico;
y sentirse conquistador
con un barco y todo.





Era raro
ver algo así
fue pecado
lo confieso:
imaginé Chiloé con un puente colgante.








Castro
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